Recuerdos de nuestra infancia

¡Feliz Navidad para todos y un Maravilloso Año Nuevo cargado de cosas hermosas para ustedes y sus familias!

La Navidad es una época especial en el mundo entero, y en Colombia no es la excepción. Es un tiempo en donde recordamos nuestra infancia, los niños nos alegran con sus sonrisas, los abuelos nos transportan a las alegrías de su juventud y el viajero añora su chimenea y su dulce hogar.


¿Quién no tiene al menos un grato recuerdo de esas maravillosas fechas? En donde disfrutaba decorando el árbol de navidad, que en tiempos atrás no eran ni tan grandes ni tan suntuosos como los actuales. En muchas casas teníamos un pequeño árbol, cuyas ramas habían sido fabricadas con un papel brillante verde o plateado, o en otros casos, consistía en un chamizo que envolvíamos en algodón y adornábamos con guirnaldas hechas con palomitas de maíz, tratando de recrear las postales que venían del norte, con las imágenes de árboles cubiertos de nieve.

Los pesebres sí que eran diferentes, nada parecido a esas pequeñas natividades que colocamos hoy en día en la mesa de centro de la sala. Recuerdo que en mi casa el pesebre lo armábamos utilizando cajas de diferentes tamaños, las cuales cubríamos con papel encerado y así generábamos distintas escenas en cada una de ellas. Los personajes estaban hechos de plástico. A San José, La Virgen, el burro y el buey, los ubicábamos en medio de un improvisado portal, que habíamos fabricado con ayuda de mi padre. No podían faltar los reyes magos, los pastores, las ovejas, y el lago que hacíamos con un espejo, donde nadaban varios patos de colores. Cada día, de acuerdo a la novena, íbamos moviendo los personajes, de esta obra de arte hecha en casa.

En aquella época las novenas se rezaban en las diferentes casas de la cuadra, cada una trataba de hacer su mejor esfuerzo por ganarse la atención de los niños del barrio. Hoy en día vamos a los centros comerciales, que cada año compiten entre ellos con diferentes shows, con el único propósito de atraer más clientela.

No podemos olvidarnos de los juegos de aguinaldos, aquellos tradicionales como: Pajita en boca, beso robado, al sí y al no, hablar y no contestar, y dar y no recibir. Pasábamos días y semanas jugando una y otra vez, para al final tener la satisfacción de ser el ganador, sin importarnos que el premio se tratara de algo pequeño como una chocolatina o un bombón.

Una de mis novenas preferidas era la que se rezaba en casa de mi amiga Diana, sus abuelos siempre asistían, y don José, el abuelo de mi amiga, nos contaba cada noche un cuento diferente de navidad. Mi favorito era la historia del pesebre, recuerdo claramente como él iba narrando lentamente la historia, moderando el ritmo de su voz y cambiando la entonación para hacer aún más fascinante su relato.

Don José siempre comenzaba diciendo: Había una vez, una pequeña población de Europa llamada Rieti. Era la época de navidad y San Francisco andaba de paso por esas tierras, ese año, el invierno estaba más fuerte que de costumbre, y San Francisco buscó resguardo en la ermita de Greccio para descansar y pasar allí la noche buena. Fue entonces en ese lugar, cuando tuvo la inspiración de reproducir en vivo el nacimiento de Jesús. Con la ayuda de algunos vecinos, construyó un pequeño pesebre de paja y madera, y en su interior ubicaron un asno y un buey, luego un pequeño grupo de personas, representó el nacimiento del niño Jesús. Esta improvisada representación, fue la que dio lugar a la tradición del pesebre. Al finalizar su relato, don José siempre nos regalaba un dulce a los presentes, en agradecimiento por haberlo escuchado atentamente.

Otra fecha especial para mí era la celebración del 31 de diciembre. Recuerdo que fabricábamos un año viejo con trapos que ya no se utilizaban, salíamos a comprar los famosos calzones amarillos para usar ese día, y a la media noche nos comíamos las famosas doce uvas, mientras salíamos a darle la vuelta a la manzana con una maleta para viajar durante el año.

Gracias a todos estos gratos recuerdos, mi época del año favorita es la Navidad, ella siempre llega colmada de alegría, porque sin importar lo que me haya sucedido en el transcurso del año, en estas fechas las tristezas desaparecen como por arte de magia, todo brilla en cada rincón de la ciudad, los corazones se llenan de tibieza y las esperanzas renacen para comenzar un año repleto de sueños por alcanzar.

Por Sandra Jaramillo Botero