rompiendo cadenas

¿Eres Tú un intrépido en busca de tus sueños o un eslabón más de la cadena?

Por Sandra Jaramillo Botero

La sociedad ha dado lugar a una eterna contienda entre los seres humanos. Las personas nos hemos convertido en autómatas seguidores de estereotipos, que se crearon como patrones que debemos perpetuar sin importar cuales sean nuestros deseos.


Todos sin excepción alguna en cierto momento de nuestra vida, nos hemos dejado arrastrar por dicha programación.


Desde muy temprana edad, se nos exige ser parte de esa enorme cadena, en la que existen diferentes tipos de eslabones, los dominantes y los dominados.


En el colegio debes ser el mejor de la clase si deseas sobresalir del resto del grupo y ganarte el respeto de tus compañeros, también es necesario practicar algún deporte, interesarte por alguna actividad artística y sobre todo la más importante, hablar otro idioma como mínimo, si son dos o tres mucho mejor.


Atrás quedaron esos tiempos en donde el niño era niño y su única preocupación era la de ser feliz.

Cuando llegas a la adolescencia se complica un poco más la situación, allí no solo recibes la presión del colegio y de tus padres, sino que se adhieren la tecnología, los medios de comunicación y la sociedad de consumo, que establecen cómo debe ser tu comportamiento, si quieres verte cool ante el grupo al que perteneces. Lo importante es lograr la aceptación y la membresía de todos, sin importar que tan cómodo te sientas con tu proceder.

A partir de ese momento la sociedad te empieza a manipular cada vez más, hasta el punto que en ocasiones terminas con sentimientos de inferioridad y angustia, por no saber manejar toda esa influencia positiva o negativa que recibes diariamente.

El instante más crucial es cuando llega el momento de decidir lo qué vas a estudiar, una decisión tan trascendental que regirá tu vida y trazará tu camino a seguir. Dicha decisión debes tomarla en un tiempo de tu vida, en donde tú mismo no sabes quién eres y mucho menos qué quieres. Ahí te debes enfrentar a una confusión de roles, en los que también estás expuesto a tomar decisiones con respecto a las drogas, el sexo y tu propia identidad. Es una etapa llena de cambios físicos, psicológicos, conductuales y emocionales.

Si logras ser de los afortunados que se van por el camino que realmente te motiva, debes luchar con todas tus garras para salir adelante, si deseas alcanzar un buen empleo y cierto estatus dentro de la sociedad. A partir de ese momento comienza la batalla a muerte por la supervivencia, en donde solo prevalece el más fuerte.

Dependiendo de la edad que tengas, debes pensar en casarte, formar una familia y tener hijos que continúen con la cadena de subsistencia.

Atrás quedaron los proyectos, las metas y los sueños por cumplir que algún día tuviste, pero que debido a las exigencias de todos, debiste encerrarlos en los más profundo de tu ser, de donde no podrán salir jamás. 

Por momentos te das cuenta que caíste en una programación de la cual nadie puede escapar, tus compromisos se han multiplicado al cien por mil. Te encuentras en medio de la sangrienta carrera por la supervivencia, en donde necesitas ocupar el peldaño más alto dentro de la sociedad y donde solo los más fuertes, consiguen obtener aquella privilegiada posición de autoridad, riqueza o poder.

En un mundo donde los avances científicos y tecnológicos deberían hacernos la vida más sencilla, el ser humano ha complicado aún más las cosas, creando miles de trabas y compromisos que nos arrastran como un tren bala, donde la única posibilidad que tenemos de salvarnos, es que entre todos hundamos el freno de emergencia y detengamos este monstruo que nos domina y nos manipula.

Afortunadamente en medio de la colectividad, existen algunos intrépidos que sin importar lo que piensen los demás, rompen la cadena y se apartan de los eslabones para ir en busca de sus sueños y su libertad.